viernes, 23 de octubre de 2015

SOBRE BIENVENIDO BOB DE JUAN CARLOS ONETTI




El cuento completo se puede leer aquí: http://www.onetti.net/es/cuentos/bienvenido_bob

Los títulos de los cuentos muchas veces son un enigma. Pero en el caso del cuento de Onetti “El cerdito”, el título ya aventuraba algo sobre el final de la historia y la situación alrededor de la cual iba a girar. ¿Por qué el título “Bienvenido Bob”, ¿bienvenido a dónde?  ¿Ustedes que piensan?


Otro asunto es el tema. Podemos hablar de un tema que puede ser, el deseo del Bob del pasado. El pasado y el deseo, no sé si de poseer a Bob, pero si de su juventud. Esto lo digo porque el narrador comienza contándonos sobre Bob, lo que ya no es y lo que fue.


“Es seguro que cada día estará más viejo, más lejos del tiempo en que se llamaba Bob, del pelo rubio colgando en la sien, la sonrisa y los lustrosos ojos de cuando entraba silenciosamente en la sala, murmurando un saludo o moviendo un poco la mano cerca de la oreja, e iba a sentarse bajo la lámpara, cerca del piano, con un libro o simplemente quieto y aparte, abstraído, mirándonos durante una hora sin un gesto en la cara”


El personaje que narra extraña el tiempo en que podía llamarlo Bob. Más adelante sabremos que el narrador lo llama después Roberto, porque para él ya es imposible llamarlo Bob. 





“Igualmente lejos -ahora que se llama Roberto y se emborracha con cualquier cosa, protegiéndose la boca con la mano sucia cuando toso- del Bob que tomaba cerveza, dos vasos solamente en la más larga de las noches, con una pila de monedas de diez sobre su mesa de la cantina del club, para gastar en la máquina de discos”.

Bob ya no es el que conoció el narrador, esto lo llena de nostalgia. ¿Por qué cambiamos? ¿La melancolía que se nota en el narrador, es sobre todo una letanía del fracaso. Es decir, Bob dejó de ser lo que el narrador amaba. Roberto es la encarnación de los sueños fracasados, de eso que somos cuando envejecemos?

“los sábados, alguno tan rabiosamente joven como él, con quien conversaba de solos, trompas y coros y de la infinita ciudad que Bob construiría sobre la costa cuando fuera arquitecto”.

El narrador extraña al Bob que podía soñar, recuerda esos sueños, esas miradas, incluso las burlas propias de la juventud. Pero ahora Roberto se dedica a estar, ¿acaso cambiamos tanto?

El narrador nos cuestiona, nos invita a mirar atrás, a recordar los sueños de juventud, a mirarnos al espejo y pensar si seguimos soñando o somos solo un reducto de realidad.

“Pobre chico, pensé con admiración. Estuvo diciendo que en aquello que él llama vejez, lo más repugnante, lo que determinaba la descomposición era pensar por conceptos, englobar a las mujeres en la palabra mujer, empujarlas sin cuidado para que pudieran amoldarse al concepto hecho por una pobre experiencia. Pero -decía también- tampoco la palabra experiencia era exacta. No había ya experiencias, nada más que costumbre y repeticiones, nombres marchitos para ir poniendo a las cosas y un poco crearlas”

¿Qué intenta decir con esto? ¿Acaso Roberto con su forma de vida contradice lo que Bob pensaba sobre la vejez; o como suele ocurrir, el tiempo nos obliga a tragarnos esos intentos de sabiduría (de creer haber entendido el mundo), para convertirnos en aquello que antes odiamos?



“No sé si nunca en el pasado he dado la bienvenida a Inés con tanta alegría y amor como diariamente le doy la bienvenida a Bob al tenebroso y maloliente mundo de los adultos. Es todavía un recién llegado y de vez en cuando sufre sus crisis de nostalgia. Lo he visto lloroso y borracho, insultándose y jurando el inminente regreso a los días de Bob. Puedo asegurar que entonces mi corazón desborda de amor y se hace sensible y cariñoso como el de una madre. “

Es posible que el título ya nos hubiese dado una respuesta. Bienvenido Bob ¿a dónde? a un mundo ruin, al mundo donde ya no soñamos, al mundo de la oscuridad, donde no siempre gana el bueno. Eso lo sabía el narrador antes que Bob. Es un viejo que desea poseer eso que se escapa entre sus dedos, el tiempo.

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