domingo, 27 de julio de 2014

SOBRE DESGRACIA DE COETZEE



"Si fuerais ciegos no os habríais enamorado nunca. Sin embargo, ¿de veras  tenéis el deseo  de ver a la amada a la fría  claridad del aparato visual? Tal vez fuera preferible tender un velo sobre la mirada, de modo que la amada siguiera viviendo en su forma arquetípica, como una diosa." p.32



Hace algunos años me encontré con una película que no conocía, me llamó la atención que el protagonista fuera John Malkovich, ese actor que recordaba por aquella película basada en el libro de Steinbeck, de Ratones y Hombres, o El imperio del Sol Naciente de Spielberg, pero lo que más me llamó la atención fue el nombre de Coetzee en los créditos, el premio nobel estaba involucrado.



El imperio del Sol Naciente: https://www.youtube.com/watch?v=H_7_IX7vByc


Coetzee estaba dentro de mi lista de escritores para ser leídos, y una película basada en un libro suyo no iba a ser la excepción.





                                                   http://www.golem.es/desgracia/

Desgracia habla de un hombre en decadencia, aunque brillante, David Lurie fracasó como marido, está imposibilitado para convivir con alguien más de una semana, las prostitutas le ayudan a soportar la congoja, pero David tiene el mal hábito de enamorarse de las mujeres equivocadas. La vejez termina siendo un reducto de la desfachatez, que lo lleva a cometer grandes errores.

"Le sorprende que una hora y media por semana en compañía de una mujer le baste para sentirse feliz, a él, que antes creía necesitar una esposa, un hogar, un matrimonio." p 12

Coetzee, crea un escenario para la angustia y la desesperación, David Lurie el docente sobresaliente es presa de uno los placeres más mundanos, la lujuria, asunto intimo que termina por afectar su vida pública. Cuando David utiliza su poder para someter a una alumna sexualmente, forja sin quererlo un vínculo que lo atropella, lo flagela lentamente, crea una imagen que posee su mente, sus recuerdos, al límite de imponerse frente a su vida.



"Tal vez los jóvenes tengan todo el derecho del mundo a vivir protegidos del espectáculo que dan sus mayores cuando están inmersos en lo espasmos de la pasión. A fin de cuentas para eso están las putas: para hacer de tripas corazón y aguantar los momentos de éxtasis de los que ya no tienen derecho al amor." p 59


Debo confesar que me gustó tanto el libro como la película, cosa que no es común en estos días, Steve Jacobs el director, se rodea de grandes actores con experiencia además en teatro, cosa que ayuda a lograr la intimidad necesaria para conmovernos.


Desgracia es una pequeña novela que puede hacer parte de ese grupo de clásicos contemporáneos, porque una simple historia en Sudáfrica, se convierte en la misma que vivimos a diario en cualquier lugar del mundo.

viernes, 11 de julio de 2014

SOBRE EL ENCUENTRO CON EL ESCRITOR LEONARDO MUÑOZ








"Puedo decir de mí, que soy como una hoja que anda suelta. Que su camino es el que le dibuja la brisa, otras veces se detiene sobre los tejados. Y ahí se queda por horas viendo pasar el vuelo de las aves, contar estrellas. Otros días simplemente hago de Leonardo Jesús, leo los libros que él lee y en otras ocasiones recuerdo y escribo con él, unas líneas que se parecen a mí" 




Cuando nos encontramos con Leonardo Muñoz ¡nos dio un hambre! Pensar en “Dulce de plátano maduro” (Uno de sus cuentos) a las 11:00 a.m. es comerse el postre antes del almuerzo y es que días antes habíamos almorzado aquel cuento ganador del concurso del Ministerio de Educación Nacional en 2011 “Acuérdate del Thaine”, este cuento nos había dejado el paladar inquieto y la saliva crepitante en espera de un “Jugo de mango” u otro de esos cuentos que se aromatiza con clavos, canela, ajo o limón.

O aquel cuento terrible, “Pebre de galápago” que nos recuerda esos hombres que huelen a cobre, el miedo que produce la cercanía con la muerte y la inocencia de dos niños que aún creen que los muertos tienen alas y  pueden volar.



Pebre de galápago

Leonardo Jesús Muñoz Urueta


— Hermana, ¿Qué crees que están haciendo a esta hora Nicolasa y Herminia en el cielo?
— No sé… pero mamá dijo que en el cielo pueden volar.
— ¿Será que no les harán falta sus caparazones?
— En el cielo les dan caparazones nuevos y son del color de la luna, eso dijo mamá.
— Hermana…
— Extraño a Nicolasa y a Herminia.
— Yo también, hermano. El hilo lo cruzas en el punto donde se encuentran los dos palitos de matarratón. Sí…así, pero amárralo un poco más fuerte.
— Esta cruz es para Nicolasa. ¿Te acuerdas la primera vez que la conocimos?
— Sí, fue un domingo de mayo, cuando fuimos al río con papá a pescar.
— Estaba en la orilla, parecía como si se le hubiese olvidado que debía ir a las aguas del río. (...) Seguir Leyendo:


 https://fundarteyciencia.wordpress.com/tag/leonardo-j-munoz-u/

 
Lo que tienen en común los cuentos de Leonardo son esos momentos de rememoración, la nostalgia del ausente, el alma epicúrea que nos ha logrado tocar en los más profundo. Los cuentos de Leonardo nos llevan a eso que él llama “recordar, es pasar por el corazón de nuevo”, no podemos evitarlo, sus cuentos nos conmueven, porque habla de la abuela, la misma que tuvimos todos, de la madre, la hermana, la sobrina, el erotismo, el amor ese  que tiene tantas formas como caras hay en el mundo.

De lo que estamos seguros, es que Leonardo Muñoz es un escritor con el que desearíamos conversar toda la tarde, sin embargo, el tiempo es inclemente, solo nos queda seguir leyéndolo, esperar su nuevo libro de cuentos y recordar los poemas que cuenta de memoria, al igual que los cuentos y su vida.

viernes, 21 de marzo de 2014

SOBRE LAS CENIZAS DE ÁNGELA


 
SOBRE LAS CENIZAS DE ÁNGELA

 
 
 

 

 

"Quiero que vayan a esa taberna y lo saquen de ahí. Quiero que se planten en la mitad de la taberna y le cuenten a todos que su padre se está bebiendo el dinero del bebé. Deben contarle al mundo que en esta casa no hay una miga de comida, ni un trozo de carbón para prender, ni una gota de leche para el tetero del bebé." p.217

 

Frank McCourt nace en New York, pero llega a Irlanda a los tres años y las necesidades y la pobreza extrema van a marcar su vida. Las Cenizas de Ángela va contar un poco de eso, su infancia, la pobreza, la guerra; todo como un pretexto para hablar de la familia y la fuerza de una madre que frente a todo obstáculo no olvida lo más importante para ella, sus hijos.

Las Cenizas de Ángela es una historia cruda sobre la pobreza, pero también sobre los sueños de quienes no se doblegan ante a las dificultades. Nos deja una lección de perseverancia, para quienes en ocasiones desesperan víctimas de sus preocupaciones.

 

Lo curioso de todo esto es que llegué a este libro a través no de una película, si no de una actriz“Emily Watson”, una hermosa actriz inglesa que me enamoro desde que la vi en aquella película “The Boxer”, donde actúa al lado del ganador del Oscar, Daniel Day-Lewis.

Cuando supe que “Emily Watson”, era protagonista en la película “Las Cenizas de Ángela”, no dude en intentar verla en cine, con la sorpresa de que estaba basada en el libro de Frank McCourt y que pude encontrar fácilmente en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín.

Hoy pude ver el libro alojado en un estante y recordé como había llorado con esta historia. La impotencia frente al esposo de Ángela, que en mi mente tiene el rostro de Emily. Aún conservo en la memoria algunas escenas, el sabor de los recuerdos añejos. Y el asombro frente al olvido.

 

¡Ajá! sí lo es de Frank McCourt: Es la continuación de Las Cenizas de Ángela. El escritor había pensado escribir la historia en un solo volumen, pero terminó dividiendo la historia en dos tomos. Este último nos permite conocer que sucedió con McCourt cuando llegó a Nueva York.
 







Las cenizas de Ángela (Angela's Ashes) fue llevada al ciney dirigida por Alan Parker; basado en el libro homónimo de Frank McCourt, ganador del Premio Pullitzer. 1999.

 





martes, 25 de febrero de 2014

SOBRE DESPOJOS DE GUERRA


HA JIN
DESPOJOS DE GUERRA
EDITORIAL: TUSQUEST (COLECCIÓN ANDANZAS), 2007
 
 

 
 
Sus palabras me evocaron una horrible imagen de la que no había conseguido librarme, la idea de que la guerra era un enorme horno alimentado por los cuerpos de los soldados”[1] Despojos de guerra. Ha Jin. p. 92

 
Las guerras no deberían existir, sin embargo somos impotentes frente a fuerzas que nos superan. Vemos morir miles, a muchos ya no les importa. Nos acostumbramos a la cercanía de la muerte como a los malos olores, a la idea de que nos aman incondicionalmente sin hacer nada para merecerlo. La vida vista así, se vuelve una caricatura donde todo es permitido. Recordemos a los chiquillos jugando con huesos humanos, porque no hay energía para enterrar a los millones de muertos de una guerra[2] o los niños que deciden comer carbón como la cosa más sabrosa, tanto que los adultos sucumben a su exquisitez[3]. Cómo olvidar el niño que roba comida a los soldados norteamericanos y que vive escondido junto a su hermana en una cueva que será su tumba[4]. Nos sentimos incómodos frente a la historia contenida en “Despojos de Guerra” de Ha Jin, porque un hombre que asesina a otro no puede ser más que un loco.
 
“Pero tampoco el bando de la ONU había escatimado nada en su ofensiva psicológica. Las carreteras por las que pasábamos estabas cubiertas de octavillas lanzadas por los aviones estadounidenses, impresas tanto en chino como en coreano, en las que se nos recomendaba la rendición. En una de ellas podía leerse un antiguo pareado: ¡qué pena dan los esqueletos junto a la orilla, soñando con la novia de maravilla¡ Otra reproducía un grabado en el que la mujer joven miraba hacia el horizonte desde la ladera de una montaña a la espera de que regresara su hombre. Se nos prohibió que cogiéramos las octavillas. Muchos se las guardaron igualmente en los bolsillos para liarse cigarrillos o utilizarlas como papel higiénico, a pesar de que si echabas un vistazo a esas hojas, tanta tristeza que te embargaba el pecho te partía el corazón”. p.26
 
Adentrarse en la guerra de Corea a través de los ojos de Ha Jin, nos obliga a vivenciar como muchos de los soldados chinos mueren olvidados o son obligados a combatir en condiciones deplorables: sin comida, sin ropa adecuada, más aún, cuando regresan a China a pesar de su persistencia en los campos de prisioneros, son abofeteados y se les da la espalda por haber sobrevivido. Para el régimen es inconcebible que sus soldados sean capturados vivos, lo correcto abría sido que se hubieran suicidado o muerto en combate. Sin reticencias  Ha Jin nos muestra una China comunista que trata a sus combatientes como canicas, piezas sustituibles, números sin rostro, que pese a ser fieles a una idea, resultan útiles o no de acuerdo a la estrategia que propugne su nación.
 
“A su lado había un cuenco grade de calabaza y una niña pequeña,  de cuatro o cinco años, a la que habían cortado el pelo recto por encima de las orejas. La niña tenía en las manos un montón de saltamontes ensartados por la boca a una caña. De vez en cuando se separa de su madre para cazar un saltamontes. Por un momento me perdí en los recuerdos de mi infancia, cuando mis amigos y yo íbamos al monte a cazar insectos y luego los freíamos y nos los comíamos. Los que más nos gustaban eran las cigarras  y los saltamontes”. p. 179
 
La guerra exacerba el lado más oscuro del ser humano. Con el trato humillante y despiadado, quedan reducidos a animales o menos que eso. Aunque paradójico, pese a todo, la guerra también expone la humildad de los corazones humanos, lo vemos en la escena en que cinco soldados chinos que llevan varios días sin comer, se resisten a tomar por la fuerza los alimentos de cuatro mujeres coreanas que están solas. Esto muestra indiscutiblemente, que para muchos el gesto de humanidad sobrevive en algunos pese al maltrato, aunque la espera y la firme convicción de ganar la guerra mengüen la dignidad y el valor que le damos a la vida.




[1] JIN, Ha. Despojos de guerra. Barcelona : Tusquest Editores, 2002.
[2] OÉ, Kenzaburo. La presa; traducción del japonés de Yoonah Kin con la colaboración de Joaquín Jordá . Barcelona : Editorial Anagrama, 1994.
[3] YAN, Mo. Rana: Editorial Kailas,
[4] NOSAKA, Akiyuki. La tumba de las luciérnagas. Barcelona : Editorial Acantilado, 1999.

lunes, 30 de septiembre de 2013

SOBRE "EL HUEVO" DE SHERWOOD ANDERSON


SOBRE “EL HUEVO” DE SHERWOOD ANDERSON
(1876 Camden – 1941 Colón)
28 DE SEPTIEMBRE DE 2013

Sherwood Anderson para muchos es un desconocido, debido en parte a que el éxito de William Faulkner lo opacó, también su estilo, que aunque realista tocó temas escabrosos para la época, como la sexualidad adolescente, al igual que su determinación de escribir por fuera de lo que él llamó un “argumento tramposo”, esa escuela de cuentos con finales inesperados, heredada en parte por Edgar Allan Poe y ratificada por uno de los mejores cuentistas norteamericanos de la época, el reconocido O. Henry.





En “El Huevo”, Anderson responde a una inquietud, la industrialización norteamericana evoca una discusión moral importante, la idea de acumular éxito, riquezas, bienes, configura el ideario Norteamericano, es decir, el sueño americano reza “se es más feliz en cuanto más riquezas acumules”. En este cuento la zozobra cae sobre quienes despojados del hálito de poseer resultan invadidos por un aire desmesurado de prosperar.


Dejando por un momento “El Huevo”; en el libro “Cuentos Reunidos de Sherwood Anderson, encontramos algunos cuentos que tienen como eje los caballos “Quiero Saber Por Qué” es uno de los cuentos más conocidos de Anderson, en el cual un joven que disfruta de las carreras de caballos, vibra con estar en las caballerizas, siente en su interior la energía del triunfo, el éxtasis de la carrera, sobreponiéndose a la negativa de sus padres, haciendo parte del ritual que está detrás de las carreras de caballos. 



Sherwood Anderson


Álvaro Mutis irrumpe en la escena, su muerte nos acompaña, la atmosfera está cargada con la lejanía de su muerte, pero con la cercanía de sus novelas, su poesía, Maqroll el Gaviero, L'Ultimo Scalo Del Tramp Steamer y aquella novela suya llevada al cine en 1996  “Ilona llega con la Lluvia”. O el libro de poemas que nos recuerda Víctor Zuloaga “Caravansary publicado en 1981. Creo que hay que leer a Mutis, como hay que hacerlo con Gabriel García Márquez, o Santiago Gamboa, Mario Mendoza, Juan Gabriel Vásquez, Germán Espinosa y tantos otros escritores colombianos, que relegamos al olvido, que han dejado de ser novedosos, que no figuran en los medios de comunicación.

Pero volviendo a Sherwood Anderson y conversando sobre su estilo y la crítica que hacía sobre los finales inesperados, coincidimos en que un buen final es necesario en un cuento o una novela, un buen final casi siempre es inesperado, ya que si lo dedujéramos con anticipación, el cuento dejaría de ser interesante. En el cine comercial actual, hay muchos ejemplos de finales esperados, finales que carecen de sorpresa, pero que el público añora en su afán de entretenerse.


En “El Huevo” el peso de la historia radica en el drama de no poder conseguir la prosperidad, el éxito, algo que ironiza Sherwood todo el tiempo, pero que lleva la historia a un final que pocos imaginamos y que llena de dramatismo un cuento desasosegado desde el inicio.





 Raymond Carver llega a la mesa en la voz de Aldemar, y es que este escritor norteamericano es uno de los más importantes de Estados Unidos, junto con los ya mencionados. Si intentamos hablar de finales inesperados, es posible que con Carver lleguemos a un extremo y es el de los finales desconcertantes. Debemos añadirlo a nuestra lista de conversaciones, espero que el tiempo nos alcance para leer algunos de sus cuentos en el club.